NOTICIAS >> La capital genera cada día casi 200 toneladas de residuos
Albacete. El mundo desarrollado está pensado para consumir... y para producir residuos. Buena prueba de ello es que cada vez que vamos al supermercado cargamos un montón de productos, pero ¿nos paramos a pensar en los residuos que llevan consigo? No hay más que repasar nuestras costumbres. Compramos la carne o el pescado previamente envasado, como ocurre con el embutido, las frutas o las verduras. A esa cesta de la compra se añaden unos yogures, unas latas de atún, un paquete de té, unas cervezas o el papel higiénico. Todo lleva sus correspondientes envoltorios, que se suman a las bolsas de plástico que todavía nos dan en la mayoría de supermercados (aunque ya exista una iniciativa para reducirlas). Todo eso, más los residuos propios de cada hogar, acaba en el cubo de la basura (tanto de basura ordinaria como de material para reciclar).
Cada día sólo la ciudad de Albacete genera casi 200 toneladas de residuos urbanos, lo que supone que cada albaceteño produce más de un kilo de basura, papel, envases o vidrio que se deposita en los diferentes contenedores ubicados en la vía pública y que acaban en las diferentes plantas de tratamiento de residuos.
Pero, ¿ha pensado alguna vez que ocurre con esos residuos una vez que nos hemos desentendido de ellos depositándolos en sus correspondientes contenedores? El objetivo que se han marcado las administraciones es recuperar el máximo posible de esos residuos para que vuelvan a la cadena y evitar consumir recursos naturales tales como árboles o agua y, de paso, evitar las emisiones de gases a la atmósfera que se generarían con un nuevo proceso de fabricación.
Una vez que el ciudadano lo deposita en los distintos contenedores, cada tipo de residuo sigue un canal diferente, siempre con la vista puesta en su recuperación.
Tanto los residuos urbanos (aquellos que se depositan en el contenedor ordinario) como los envases se llevan a la planta de tratamiento de Albacete, que pertenece al Área de Gestión Norte junto a otros 62 municipios (41 de la provincia de Albacete y el resto del sur de Cuenca y alguno de Ciudad Real). Hellín acoge la planta del área sur que cubre el resto de la provincia.
El 65% de los residuos que se gestionan en la planta de tratamiento de Albacete proceden de la capital, mientras que el resto llegan de las estaciones de transferencia de Villarrobledo, La Roda, Madrigueras, Tarazona de la Mancha y Casas Ibáñez. Estas estaciones de transferencia juegan un papel intermedio entre la recogida de residuos en los diferentes municipios y la planta de Albacete que es donde se separan y clasifican los residuos para su posterior recuperación.
El Consorcio Provincial de Medio Ambiente tiene encomendada la gestión de los residuos urbanos (el contenedor tradicional) a Cespa, mientras que Ecoembes se encarga de los envases.
En el caso del papel-cartón y del vidrio son las propias empresas recuperadoras (García Galvis para el papel y Ecovidrio para el vidrio) las que se encargan de todo el proceso, desde su recogida, hasta su selección y su recuperación.
Cuando la planta albaceteña comenzó a funcionar en el año 2003 se diseñó con dos líneas diferenciadas, una para residuos urbanos y otra para los envases, pero dos años después, se automatizó todo el proceso lo que permite que en una misma línea se procesen los residuos urbanos y los envases. La modernización de la planta fue pionera en España e incluso en Europa, «porque fuimos los primeros en contar con un único circuito automatizado tanto para residuos urbanos como para envases», reconoce María José Serrano, gerente de Cespa, la empresa que se encarga de la gestión de los residuos ordinarios. Tanto es así que hasta Albacete acudieron delegaciones de toda España, de Europa, «e incluso de Canadá» para comprobar in situ su funcionamiento.
A pleno rendimiento
La planta de tratamiento de Albacete funciona a pleno rendimiento entre las seis de la mañana y las doce de la noche. Eso sí, cada material sigue un proceso diferente, primero se trabaja con los residuos urbanos (entre las seis de la mañana y las doce del mediodía) y luego, tras limpiar a conciencia toda la maquinaria, se aborda la separación de los envases (lo que se realiza en el turno vespertino desde las 18 hasta las doce de la noche).
«Parece un proceso sencillo, pero es un proceso muy complejo», reconoce Rafael Martínez Cano, el técnico de Medio Ambiente de la Diputación Provincial que se encarga de la recogida de residuos, que recuerda que hay que coordinar las rutas de recogida en todos los municipios y también su depósito en las estaciones de transferencia y en las plantas de tratamiento.
En el caso de los residuos urbanos los camiones descargan en la planta tras realizar sus rutas por la ciudad. La primera selección se realiza manualmente para retirar los voluminosos y la chatarra que evitarán averías y atascos en la maquinaria. Tras esta primera selección, los residuos pasan por varias cribas, en esta ocasión mecánicas, que tienen como objetivo separar la materia orgánica del resto de desechos, todo ello gracias a una compleja maquinaria «la joya de la corona», como reconoce la gerente de Cespa en Albacete.
Una vez separada la materia orgánica pasa a la denominada playa de fermentación en la que, tras un proceso de descomposición que dura en torno a dos meses y medio, se convierte en compost destinado a abono para los agricultores.
Las montañas humeantes y ligeramente pestilentes (bastante menos de lo que cabría pensar tratándose de basura) de materia orgánica se remueven cada cierto tiempo para permitir su oxigenación y que las bacterias que participan en el proceso de fermentación (llamada aerobia porque se realiza al aire libre) sobrevivan.
Incluso tras su fermentación pasa una nueva criba para separar lo que se puede destinar a abono para el campo de los denominados materiales impropios que se han colado hasta el final del proceso por su pequeño tamaño.
Es Cespa quien se encarga de comercializar el abono resultante de todo el proceso, en torno a 10.000 toneladas cada año, que tienen como destino fundamental la zona de Villarrobledo. «Aquí vienen los agricultores a comprarnos el compost para abono sobre todo después de la campaña de la vendimia», aclara María José Serrano.
Vigilancia a cada paso
Los envases siguen un procedimiento diferente, siempre supervisado por Ecoembes, que se encarga de su gestión, aunque sea la propia planta la que los procesa. Tanto es así que Ecoembes realiza caracterizaciones de los envases a lo largo de todo el proceso (desde lo que sale directamente del contenedor hasta lo que resulta separado al final) para comprobar que la separación de cada uno de los materiales se ha realizado de manera correcta.
Como en el caso de los residuos urbanos convencionales, el proceso comienza con la descarga de los camiones en la planta. También los envases pasan a la cinta transportadora. En su rápido, rapidísimo, discurrir los materiales se van separando entre latas de acero, otras de aluminio, briks, polietileno de alta densidad (del estilo de las botellas de lejía que son más consistentes) o poliestireno (botellas de agua). Para separarlos siguen distintos procedimientos a lo largo de la cinta transportadora. Por ejemplo, a lo largo del recorrido, las latas de acero son atraídas por un imán, mientras otro imán se encarga de repeler las de aluminio un poco más adelante.
El resto de materiales sigue su discurrir por la cinta transportadora que cuenta con un escáner que es capaz de distinguir el tipo de material y de separarlo. Una vez separado, cada uno de los materiales se dirigen hacia una máquina compactadora que forma los paquetes que luego recogerá Ecoembes para su gestión. Los grandes fardos se acumulan en la planta de tratamiento hasta que la empresa recuperadora los recoge y los comercializa.
¿Qué ocurre una vez separado y recuperado? Los recuperadores se encargan de que vuelva a la cadena. La materia recuperada procedente del contenedor amarillo tiene como destino la fabricación de nuevos envases, pero también otros productos como piezas de automóviles, tuberías o productos textiles. El papel sirve para fabricar papel y el vidrio para hacer vidrio (en este caso la empresa Camacho Recycling lo recoge y lo selecciona y lo vende a la planta que Crisnova tiene en Caudete).
La implantación hace apenas unas semanas de la recogida de ropa en las calles ha evitado que mucha acabe en los contenedores de basura convencionales.
Fuente: http://www.laverdad.es/
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