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La pasada semana el comisario de Medio Ambiente, Janez Potocnik, propuso un modelo de política agraria común, que pasaría a ser Política Agraria y Medioambiental Común. Se trata de una proposición que da pistas sobre lo que puede pasar a partir de 2013 en la Unión Europea. Una política basada en un sector agrario que debe aportar productos y servicios de interés público y de carácter ambiental.
En una línea parecida se pronunció la Comisión de Agricultura del Parlamento Europeo, que ha vuelto a apostar por una Política Agraria Común con un presupuesto suficiente para mantener un sector primario competitivo, a la vez que cumple con sus objetivos ambientales.
Lo delicado de estas propuestas es que algunos pueden asumir que las consideraciones medio ambientales del agro se deben centrar en servicios de vigilancia ambiental, y no en la capacidad de producir más con menos impacto. Es necesario no perder la referencia de que la agricultura, como cualquier sector productivo, consume recursos y por lo tanto tiene aspectos positivos para el medioambiente y otros negativos, que hay que minimizar. Todo esto se ha expuesto en el III Foro para el Futuro de la Agricultura celebrado en Bruselas, donde también se concluyó recordando la importancia de dar prioridad a la seguridad alimentaria, con una población prevista en el año 2050 que superará los 9.000 millones de personas y la influencia que un modelo sostenible de agricultura puede tener contra el cambio climático.
En medio de este contexto nace en España una Plataforma cuyo acrónimo (PTAS) nos recuerda la imperiosa necesidad de hacer cada vez más competitivo y rentable el agro, pero cuyo nombre completo profundiza en lo que deben ser los pilares de su futuro (Plataforma Tecnológica de Agricultura Sostenible), que no son otros que la tecnología y la sostenibilidad. Este fuerte movimiento de buena parte de los agentes vinculados al agro defiende un principio incuestionable, como es la consolidación de la capacidad de satisfacer las necesidades alimentarias actuales sin hipotecar a las generaciones futuras. Es decir, maximizar la eficiencia productiva, disminuyendo los recursos utilizados por unidad de alimento producido. Un requerimiento que debe ser trasladado a todos los escalones de la cadena alimentaria. Para ello, la tecnología tiene que dotar de herramientas modernas, eficaces e imprescindibles a todos los brazos del cuerpo agrario. Herramientas que hay que crear, hay que conocer y es necesario utilizar con responsabilidad. En una coyuntura donde han quedado al aire las debilidades del modelo productivo español, adquiere todavía más valor una estrategia orientada a consolidar el desarrollo tecnológico, la competitividad y modernización de un sector básico, como el agroalimentario.
Fuente: www.abc.es
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